La antigüedad por sí sola no determina si un cuadro debe sustituirse, pero sí es una buena razón para revisar sus protecciones, el cableado asociado y la distribución de circuitos.
Señales que justifican una revisión
- No existe interruptor diferencial o no actúa correctamente al probarlo.
- Un único automático alimenta demasiadas zonas o usos diferentes.
- Hay fusibles antiguos, protecciones sin identificar o elementos deteriorados.
- Se observan calentamientos, zumbidos, olor, decoloración o marcas oscuras.
- Los automáticos disparan con frecuencia al utilizar varios aparatos.
- Se ha ampliado la instalación sin adaptar el cuadro ni los circuitos.
Qué aporta un cuadro bien planteado
Una distribución clara permite aislar una avería sin dejar toda la vivienda sin suministro. También facilita adaptar cada protección a la sección del cable y al uso real del circuito.
Según la instalación, la renovación puede incorporar interruptor general, protección diferencial adecuada, protección contra sobretensiones y circuitos independientes para consumos importantes.
¿Cambiar el cuadro soluciona todos los problemas?
No siempre. El cuadro protege las líneas, pero no corrige por sí solo cables deteriorados, falta de tierra, empalmes incorrectos o secciones insuficientes. Por eso, antes de presupuestar una sustitución conviene revisar el conjunto de la instalación.
Cuándo aprovechar para renovarlo
Una reforma, un aumento de potencia, la instalación de aire acondicionado, una placa de inducción o un cargador de vehículo eléctrico son buenos momentos para comprobar si el cuadro y los circuitos admiten las nuevas cargas.
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